I put a smell on you

Te puse un aroma

por ART BRÜT

Todos buscamos, a veces en voz alta, la mayoría de las veces en silencio, un lugar donde podamos reconocernos.

Un lugar en la vida.
En la sociedad.
En nosotros mismos.

Lo que suena banal es en realidad un proceso psicológico muy complejo: Estamos constantemente formando nuestro yo.
Un yo que encaje. Con las expectativas de los demás, pero también con nuestros propios sueños, miedos, contradicciones.

Algunas personas lo logran a través del lenguaje. Otras a través de la ropa. Algunas necesitan la música para sentirse.
Y algunas, quizás más de lo que se piensa, usan fragancias.

No como un accesorio.
Sino como una forma de expresión de una actitud interior.

¿Quiénes somos cuando nadie nos mira, pero alguien nos huele?

Quizás ese sea el verdadero núcleo de nuestra búsqueda eterna:
Queremos ser vistos, pero no entendidos por completo.
Queremos pertenecer, pero no desaparecer.
Queremos ser especiales, pero no estar solos.

Las fragancias nos dan un espacio intermedio.
No son máscaras, sino ventanas.
Cuentan lo que (aún) no tenemos palabras para expresar.

Quizás al final eso sea exactamente.

Que no dejamos de buscarnos a nosotros mismos,
porque hemos aprendido que nuestro lugar no es un sitio fijo,
sino un movimiento.

Un olor.
Una decisión.
Un yo en transformación.

Y a veces, pero solo a veces, hay una fragancia que encaja tan bien,
que por un momento se siente como si hubiéramos llegado.

Autora: Kristin Matousek